Retórica y ficción narrativa de la Ilustración a los romanticismos

Interrogatio. Crítica literaria español

CAPMANY Y MONTPALAU, Antonio de. Filosofía de la eloquencia. Madrid: Antonio de Sancha, Madrid, 1777.

Capmany y Montpalau. 1777

[p. 194-196] La interrogación de que tratamos, no es una pregunta dirigida a cierta persona para que fije nuestra indeterminación; sino la que se dirige a la consideración de los oyentes o lectores, la que habla a su alma, agita sus pasiones, no para arrancarles la respuestas sino el consentimiento o la admiración.

 Esta figura encierra una especie de convencimiento disimulado con la pregunta, que no suponiendo respuesta contraria al modo afirmativo con que el orador propone su pensamiento, no es mas que una llamada que despierta la atención a fin de hacer la prueba más fuerte, y más generalmente recibida.

 Viene a ser la interrogación la que confirma y sella el pensamiento, o todo el discurso: Por esto se debe solamente emplear en aquellas cosas tan claras, tan probadas, o tan probables, que no supongan disentimiento, repugnancia, ni casi duda en el oyente; antes en algún modo la interrogación le presume inclinado a seguir la proposición del orador. Y como en esto se lisonjea la vanidad, el gusto, o la buena opinión que el oyente tiene de la rectitud de su juicio, o sensibilidad de su alma, siempre sale victoriosa esta figura, que por otra parte da fuerza, viveza, y calor al discurso.

 En la creación del mundo un naturalista elocuente pide nuestra admiración de esta manera:¿Qué inteligencia sondeará las profundidades de este abismo? ¿Qué pensamiento nos representará el poder que llama las cosas que no son como si fuesen? ¿Admiraremos bastantemente a un Dios, que quiere que la luz sea, y la luz es?

 Después de haber sostenido un orador, que la palma heroica más pertenece a los hombres pacíficos que a los guerreros, lo confirma con ejemplos fortificados con la interrogación. ¿Qué diremos, sigue, de aquellos grandes hombres, que por no haber manchado sus manos en la sangre de sus semejantes, se han con más razón inmortalizado? ¿Qué diremos del Legislador de Esparta, que después de haber disfrutado del placer de reinar, tuvo valor de volver el cetro al legítimo heredero, que no se lo pedía? ¿Qué diremos del Legislador de Atenas, que supo guardar su libertad y su virtud en la Corte misma de los tiranos, y sostuvo a la cara del más opulento que el poder y las riquezas no hacen al hombre feliz.? ¿Qué diremos del mayor de los Romanos, de aquel modelo de Ciudadanos virtuosos? Haremos afrenta al heroísmo, negándole este título a Catón?

 Un elocuente escritor después de haber referido los desórdenes y males de las guerras civiles de Roma, dice: ¿Cuál era la fuerza civil, cuál la ley promulgada, capaz de poner freno a las depredaciones? ¿Qué poder tendría la sanción de la magistratura y de las leyes, donde todas las voluntades conspiraban en menosprecio y detestación del orden? En medio de una ciudad inmensa, depósito de las rapiñas de un Imperio universal, las leyes moderadas del sabio Numa podían recobrar su antiguo vigor? ¿Podían ser de algún uso? ¿Podían prometer algún efecto?

 Cuando se eslabonan dos o tres interrogaciones al fin de la frase, como en el ejemplo último, se redobla la fuerza en confirmación del pensamiento del orador, y la impresión en el alma del oyente, a quien no se le da tiempo de discernir, ni dudar.


GIL DE ZÁRATE, A.  Manual de literatura. Primera parte: principios generales de poética y retórica. Madrid: Imp. de Martínez y Minuesa, 1850.

Gil de Zárate. 1850

 [p. 44] Interrogación. Consisto en hablar preguntando, no para que nos respondan, sino para dar mas fuerza á lo qué decimos.


LÓPEZ BASTARÁN, M. Retórica y Poética ó Literatura preceptiva. Huesca: Est. Tip. Oscense, 1889.

López Bastarán. 1889

[p. 64-65] La figura llamada interrogación consiste, en exponer uno ó varios pensamientos en forma de pregunta, no para que sea contestada, pues no abrigamos duda alguna acerca de la afirmación que sostenemos, sino para dar más fuerza á la expresión.


MARÍN Y MORALES, V. Lecciones de retórica y poética. Manila: Imprenta del Colegio de Sto. Tomás, 1895.

Marín y Morales. 1895

 [p. 127] La interrogación consiste en hablar preguntando, pero no para que nos respondan, sino para dar más fuerza á los pensamientos.
Cuando á la pregunta que hacemos, damos nosotros mismos la respuesta, la figura se llama subyección.


MIGUEL, R. de. Curso elemental teórico práctico de retórica y poética acomodado a la índole de los estudios de la 2ª enseñanza, conforme al programa oficial.  Madrid: Agustin Jubera, 1875. (con ejemplos cervantinos).

Miguel. 1875

[p. 50] La interrogación consiste en preguntar, no ya para salir de una duda, sino para declarar la vehemencia del afecto que nos domina.


Prontuario de retórica y poética, extractado de los mejores autores nacionales y extranjeros por un antiguo profesor de estos ramos. Madrid: Imp. de Fuentenebro, 1839.

  [p. 19] Interrogación: mediante esta figura reconviene el orador bajo la forma de pregunta, diciendo al auditorio lo que de ningún modo puede negar.


 SÁNCHEZ BARBERO, FPrincipios de retórica y poética. Madrid: Imprenta de la Administración del Real Arbitrio de Beneficencia, 1805.

Sánchez Barbero. 1805

 [p. 40-43]  Subjectio. Subjecion ó Anteocupacion. Sucede frecuentemente que un autor se pregunta á sí mismo , ó á sus oyentes, ó á su adversario, ó propone sencillamente las dificultades que le pudieran objetar, y las rebate, ora sea para desvanecer con su respuesta la prevencion de algunos, ora para quitarles el mérito de la novedad y embotar la impresion que pudieran hacer, ó bien para dar á entender su poca importancia. A este giro llaman los retóricos Subjeción y Anteocupación.

Se advierte, que las figuras que solo dependen de la imaginacion, como la comparacion, ironía y suspension, por lo comun son frías y afectadas: así se usarán con mucha moderacion y economía, porque de lo contrario, en vez de placer causarán disgusto.